Un gato puede pasar horas dormido, acicalándose, jugando por su cuenta o simplemente observando el mundo desde una ventana. A diferencia de un perro, quizá no corra desesperado hacia la puerta cuando su humano toma las llaves para salir de casa. Eso no significa que sea indiferente a su ausencia.
Fausto Reyes Delgado, director médico y de desarrollo institucional del Hospital de Enseñanza Veterinario UNAM-Banfield, narró en entrevista su propia experiencia.
En un tiempo viajaba con frecuencia los fines de semana para impartir pláticas y cursos. Su gata parecía no inmutarse cuando él salía: permanecía dormida en su cama, como si nada hubiera ocurrido.
Sin embargo, por la tarde, cuando llegaba la hora habitual en la que él regresaba a casa, la situación cambiaba.
“Ya estaba parada en la puerta, sentada viendo la puerta a ver a qué hora se abría, que yo llegara. Y cuando no me veía, empezaba a maullar y daba vueltas de un lado para otro”, recordó.

Su esposa descubrió una manera de tranquilizarla: tomaba una de las playeras o el pijama del veterinario y se lo ponía a la gata. La felina se acostaba sobre la ropa y permanecía ahí hasta que Reyes Delgado regresaba.
Cuando finalmente llegaba, la gata se acercaba para recibirlo y buscaba que la cargara. Después de un rato, parecía decirle: “Ya me saludaste, humano. Hasta aquí quiero”, cuenta el especialista entre risas.
Esta escena ilustra una característica fundamental de los gatos: pueden desarrollar vínculos de apego con las personas, aunque su manera de expresarlos sea diferente a la de los perros.
¿Los gatos son realmente independientes?
La respuesta, de acuerdo con el veterinario, es sí y no. Los gatos son animales más autosuficientes que los perros. Son cazadores y pueden desenvolverse de manera más independiente. De manera natural pueden acicalarse, explorar, descansar y buscar alimento por sí mismos.
Esa característica se mantiene en los gatos domésticos, aunque la convivencia con los humanos ha modificado buena parte de su comportamiento.
Por eso, si un perro no recibe su alimento, probablemente buscará insistentemente a su tutor para que se lo proporcione. Un gato, en cambio, puede desarrollar estrategias propias para resolver algunas situaciones.
“Sí podemos decir que son más independientes, pero no podemos decir que son 100 por ciento independientes actualmente”, explicó Reyes Delgado.

La diferencia se hace todavía más evidente cuando un gato vive exclusivamente dentro de una casa y depende de una persona para obtener alimento, agua, atención y otros recursos.
Independientes, pero no indiferentes
Uno de los mitos más extendidos es que los gatos no crean vínculos emocionales con sus humanos. Para el especialista, esto es incorrecto.
Un gato puede acostumbrarse a una rutina y saber cuándo suele regresar la persona con la que tiene un vínculo estrecho. Cuando su humano se ausenta, puede buscarlo, vocalizar o permanecer cerca de los lugares por donde suele aparecer.
También puede reconocer a las personas por su voz y por su olor.
Y aunque la reacción no sea tan efusiva como la de un perro, existen gatos que reciben a sus humanos después de una ausencia: corren hacia ellos, vocalizan e incluso buscan sus caricias.
“Sí lo tienen, pero no es una dependencia tan fuerte como la tiene un perro”, señaló. De hecho, la relación puede ser tan estrecha que los gatos incluso muestran preferencias entre los integrantes de una familia.
¿Cómo demuestra cariño un gato?
Los gatos tienen maneras muy particulares de expresar confianza y afecto. Una de ellas es frotarse contra las personas. Al hacerlo, dejan su olor mediante glándulas ubicadas en diferentes partes de su cuerpo y, de alguna manera, las incorporan a su entorno familiar.
También pueden lamer a su tutor, dormir junto a él o mostrarle el vientre. Este último comportamiento es especialmente significativo porque el abdomen es una zona vulnerable.

Por ello, cuando un gato se recuesta boca arriba frente a una persona y permite que vea su vientre, puede estar mostrando un alto grado de confianza.
Pero incluso en esos momentos el gato conserva su particular autonomía: puede aceptar caricias durante un rato y después decidir que ya fue suficiente. “A ellos les gusta decidir qué tanto amor le quieres dar. Ellos te limitan”.
¿Por qué algunos gatos son más sociables?
La personalidad de cada gato depende de distintos factores, entre ellos la socialización temprana.
Cuando un cachorro es separado muy pronto de su madre o crece sin contacto suficiente con otros animales y personas, estas experiencias pueden influir en su comportamiento y en la manera en que responde a distintas situaciones.
En cambio, la convivencia temprana con otros animales puede favorecer la socialización. Incluso un perro y un gato que crecen juntos desde pequeños pueden convertirse en excelentes compañeros.

También existen diferencias relacionadas con la genética, las experiencias y la selección de determinadas características en algunas razas. Ciertos gatos, por su temperamento y tolerancia al contacto humano, pueden participar en actividades o servicios asistidos con animales.
Así que detrás de un gato que busca constantemente las caricias y otro que prefiere observar desde cierta distancia puede haber una combinación de genética, experiencias tempranas, socialización y personalidad individual.
Un vínculo diferente
Los gatos pueden ser independientes, territoriales, curiosos y capaces de entretenerse solos. Pero esas características no significan que carezcan de vínculos con las personas.
Pueden reconocerlas por el olor y la voz, esperar su regreso, buscarlas cuando se ausentan, mostrar preferencias por determinados integrantes de la familia y expresar confianza mediante el contacto físico.
Tal vez simplemente no lo hagan de la misma manera que un perro. Y quizá esa sea precisamente una de las características que hacen especial la convivencia con ellos: un gato no parece necesitarte todo el tiempo, pero cuando decide acercarse, es porque él eligió hacerlo.
REVISTA GLOBAL UNAM

