Ante las tensiones diplomáticas y las declaraciones de Donald Trump sobre Groenlandia como objetivo estratégico para Estados Unidos, países europeos y miembros de la OTAN han reforzado la presencia militar y defensiva en la isla para proteger su soberanía y disuadir cualquier intento de control unilateral por parte de terceros.
La presencia militar incluye ejercicios conjuntos, entrenamiento de unidades aéreas y navales, además de una mayor cooperación en materia de defensa del Ártico, región que ha cobrado importancia geopolítica por sus recursos naturales y su posición estratégica.
Este movimiento se interpreta como una respuesta directa tanto a las declaraciones de Trump como a las preocupaciones sobre una posible expansión de influencia estadounidense en territorios que tradicionalmente están bajo la soberanía de países europeos aliados.

